2 de mayo de 2014

relato ficticio de un día de lluvia real (o viceversa)

De pronto estamos en mayo, y por las calles andan los abuelos pidiendo abejones mientras los jóvenes se preguntan si estos tales abejones serán alguna aplicación gratuita. Mas parece que septiembre se ha equivocado y le ha quitado su puesto, y no ha parado de llover desde finales de abril, y el cielo está gris, y el viento frío invade los huesos de quienes habitan estas calientes llanuras, y les cambia el semblante de solo recordar. 

Mi paraguas está roto. Se estropeó solo de falto de práctica. Las gotas de agua se filtran por entre sus partes y aterrizan en mi nuca, frías, burlonas, mientras espero el autobús y me percato de que las personas a mi lado padecen del mismo mal, pero ¿Qué sería de un día de lluvia si uno no se moja al menos un poco? 

Parte de la evolución humana nos ha hecho olvidar que a pesar de todo somos animalitos diminutos, sedientos, provenientes del agua, necesitados de ella, fascinados por su brillo al jugar con la luz, temerosos de ella cuando no para de caer, y nos arrebata de donde nos sentimos seguros, y nos ahoga, y nos vuelve a dar vida. Solo la tratamos de esquivar para darnos cierto estatus.

Subo al autobús y huele a humedad, a gente mojada, a zapatos mojados, a ventanas cerradas, a silencio mojado, a diluvios de ideas sin tiempo empapadas. Huele a gente empapada de un mayo indeciso. El autobús va a medio llenar y nadie está sentado junto al otro, sería atípico además. Sentarme junto a un desconocido pudiendo estar solo. Compartir, contarle sobre mí, o escucharle, suena a disparate. Ni la lluvia y el viento lo lograrían en casi todos los casos. 

Me siento en la parte trasera. Me brinda cierta seguridad. Puedo mirarlos a todos pero nadie me mira mientras los analizo por la espalda. Contrario a lo que es usual en la mayor parte de la vida; nadie mira hacia atrás, y si lo hace será porque el chofer ha vuelto a ver primero, lo cual vendrá acompañado de un gesto extraño por parte de cada persona que voltee para conocer la razón. Disimulo inútil. La gente entra con sus paraguas llenos de agua los cuales crean ríos artificiales en el pasadizo. Señoras con niños berrinchosos provocando que la gente odie sin saberlo los días de lluvia un poco más, jóvenes sin paraguas con una mar en los zapatos, entrado triunfantes como subiendo los escalones hacia la cúspide de su rebeldía, y la viejita cuyos ojos de nubes ya todo lo han visto un día de lluvia (y que a diferencia mía lleva años sin perder su paraguas), y por último yo, yo que no me describo de más porque solo sé mirar por la ventana y la gente que mira por la ventana del bus durante un día de lluvia de seguro dejó la mitad de sí en otro lugar.

Llego a mi negocio justo cuando la lluvia comienza a dar tregua; un local comercial convertido en centro de estudios, ubicado justo en el centro de una ciudad deseosa de no aprender nada nuevo. También vendo libros, o al menos lo intento. pero a la gente tampoco le gusta leer por acá. El calor típico de la zona hace que la gente no pase tiempo en su casa con un libro, o en el parque, o en la luna ¿Pero quién soy yo para venir a querer cambiar la cultura de este lugar que ya de por sí no tiene? Nadie dijo que querer cambiar el mundo es un negocio rentable. 

Hago números mientras mi cabeza no termina de gotear agua que ya no sé de dónde sale. Deudas por acá y por allá, el alquiler que no se paga solo, el teléfono que cada vez está más caro pero ya casi no sirve para causar una sonrisa, el recibo del agua por la que sí pago mientras huyo en la acera del agua que nos dan a todos sin cobrarla, la electricidad que debería aprovechar para darle choques a mi sentido común de vez en cuando. Y el frío que es gratis un par de veces al año. 

Mi cabeza ya no da para recuerdos amorfos, efímeros, coloridos como una nebulosa en el espacio (o un suspiro), y en cambio mi hemisferio derecho se cambió de bando y he comenzado a ver el mundo en formas matemáticas; ángulos, números primos, y otros huérfanos, y casi siempre termino con uno de esos dolores de cabeza al cuadrado, y estoy seguro de que un día de tantos despertaré y dejaré de ser zurdo, y Lucy in the Sky with Diamonds ya no me gustará tanto, y tal vez el agua fría en la nuca no me cause más de estos ataques de introspectiva. 

Pero tiene su parte buena cuando se ocupa la cabeza con asuntos de gente seria. ¿Les ha pasado que van por ahí tranquilos, o están en un bar, o solo sucede que al diablo amaneció de buen humor, y de la nada, cuando la música tiene horas de sonar sin que nadie se haya percatado, escuchan esa canción? ¿Esa típica canción que es como un virus, que se cola en segundos por todo el sistema, y vulnera la única parte débil que tiene el olvido, y abre esa carpeta que contiene el último rastro de recuerdos que teníamos de esa(s) persona(s). Esa canción que se trae abajo el día? Pues mi cabeza ya no da para eso, y mis problemas son casi tan efectivos contra los recuerdos como lo es mi paraguas con la lluvia, salvo que a diferencia de mi paraguas, nunca he logrado dejar mis problemas perdidos con tal facilidad. 

Y es que parte de formar parte ahora de la gente seria, es que debo guardarme del todo la incertidumbre que me provoca el ahora no recordar qué o a quién extrañar en un día de lluvia, y entonces comienzo a preguntarme ¿A quién se le ocurrió esto? ¿Será un cliché, algún horóscopo acertado, o solo Freud  tratando de hacerme leña con alguna de sus teorías? ¿O será que en lugar de incertidumbre debo sentir que he superado esa etapa flemática de la vida en que todo se debe extrañar como si el futuro fuera un eterno día de lluvia sin propósito ni remedio? ¿o será que solo soy un tonto que debería dejar de comprar paraguas de esos que se consiguen a 2 por mil con esos vendedores clandestinos que solo aparecen cuando se viene un aguacero? ¿O será que en serio los días de lluvia tienen cierto poder, y es peor para quienes intentan resistirse? 

2 comentarios:

Sgroya P dijo...

Adoro el poder que tiene la lluvia sobre los sentimientos.. El viento y el frío irónicamente calientan el alma mientras enfrían los huesos y se estremece la piel ..
Un saludo Mike !!

Michael dijo...

Así mismo! Saludos y gracias por pasar!

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