26 de octubre de 2010

El papel del educador

Hace unas cuantas décadas por el ámbito educativo costarricense se escuchaba una frase que, incluso hace poco, un ex jefe me la quiso sugerir para mi grupo: "la letra con sangre entra".

Un ejemplo que se me viene a la mente para dicha frase, puede ser los relatos de mi madre. Ella me cuenta que la maestra los castigaba incándolos sobre granos de maíz, o metiéndoles el lapicero en la parte carnosa de la oreja, o lóbulo, cuando no lograban entender lo que se les explicaba. Tomando en cuenta que de ese entonces hace menos de 50 años, nos podemos percatar que no es un pasado muy lejano.

Si nos detenemos a analizar la enseñanza actual primordialmente en su faceta pública, podemos notar que éstas prácticas se han erradicado, a los educadores se les (nos) ha cambiado el nombre por el de "facilitadores", y las políticas van más bien encaminadas hacia el desarrollo integral del educando. Pero, ¿en realidad se cumple dicha meta?

Se dice que se debe trabajar en el desarrollo de cualidades en los estudiantes tales como el criterio, la creatividad y la capacidad de análisis, lo que para nadie es un secreto que se puede lograr, más sin embargo no parece que sea tarea fácil.

Ni los temarios, ni los doscientos días lectivos, y ni siquiera la reinvención del diseño curricular de una institución parecen ser la solución a corto plazo para que los alumnos sean capaces de desarrollar dichos proceso, pues necesariamente para obtener una persona crítica, creativa, y analítica, de necesita primero un guía, o más bien, un profesor como profesional que es, capaz de transmitir dichas cualidades. Es en el punto anterior donde deseo fundamentar éste texto.

¿Estamos los educadores listos para identificar y canalizar las cualidades de nuestros estudiantes?

¿Valoramos realmente las inteligencias múltiples y las explotamos en actividades donde cada quien logre mostrar sus destrezas?

O mejor aún, ¿Estamos preparados para enseñar más de lo que dice el sacro libro de texto, y ser fuente real de criterio e inspiración para nuestros estudiante?

Lastimosamente puedo basarme en mi experiencia durante mis años de colegio para decir que la vocación no es algo que podamos inferir, forma parte del total del gremio de profesionales en educación. Expongo dos casos totalmente diferentes como ejemplo:

Tuve una profesora d estudios sociales que nos hacía llenar cuestionarios todas las clases durante toda la clase, mientras se sentaba a hacer el planeamiento del día siguiente. La única manera para que se levantara de su silla era que terminara la clase.

El año siguiente, tuvimos un profesor, también de estudios sociales, que nunca tocó un cuestionario, y por el contrario pasaba toda la clase haciendo dibujos en la pizarra, dando ejemplos y contextualizando cada una de las situaciones expuestas.

Como resultado, con la primer profesora todos salimos con setentas y muchos se quedaron, aparte que nunca le entendí mucho. Con el segundo profesor, la gran mayoría del grupo salimos con excelentes notas, casi nadie se quedó, y el aprendizaje llegó a tal punto que se formaban debates interesantes basados en temas que talvez no son tan frecuentes para un adolescente, pero que llegaron a ser de fácil manejo.

Personalmente fue de mucho aprendizaje, a tal punto que la manera de de educar y el uso de la información de don Armando Espinoza, quien descanse en paz, fue de lo que más me influyó para elegir mi profesión.

En síntesis y según mi opinión, la educación debería apegarse al más constructivismo si se quiere en realidad lograr un cambio en la manera en que los estudiantes reciben y codifican la materia, y es en ese punto donde el papel del educador, o facilitador, debe ser determinante.

11 de octubre de 2010

Reflexión acerca de mi abuelo

Con muchas cosas que han pasado en mi familia por estos días, he comenzado a darme cuenta que nadie es eterno. Que las acciones que realicemos durante nuestra estancia en el mundo son las que al final perdurarán por muchos o pocos años después de nuestra partida, y que no debemos actuar precipitadamente, pues lo que se hace y se dice a alguien que queremos no es fácil de enmendar.

Hace menos de un año visité por penúltima vez a mis abuelos paternos, y mi abuelo al verme se lanzó hacia mí a recibirme con un abrazo. Después de preguntar por toda la familia lejana nos sentamos a almorzar y hasta me invitó a un chicharrón, el cual, luego de haber sobrepasado varios problemas gástricos en el pasado, disfrutó de igual manera a sus ochenta y tantos, mientras no paraba de reír y contar historias. Y es que de los dos siempre he sido más apegado con mi abuelo, y siempre me he sentido el niño de 5 años que se sentaba sólo a escucharlo con una gran sonrisa en la cara.

Mi abuelo es de esos hombres enchapados a la antigua, frío en sus decisiones y convencido de sus convicciones, pero a la vez, la persona más dulce y condescendiente que he podido encontrar en mi familia, a tal punto de verlo como un padre y tener el deseo de adoptar su forma de ser algún día.

La última vez que visité a mi abuelo, hace menos de un mes, fue uno de los golpes más devastadores que he recibido. No sé cómo alguien a su edad pudo resistir dos derrames cerebrales, más aun así él lo hizo. Talvez la peor parte, y la que nadie desea, es que su cerebro salió afectado. El día que lo fui a visitar me preparé desde buena mañana gracias a las recomendaciones de una tía. Las cuatro horas en bus me dieron tiempo para hacerme a la idea que no lo vería como la última vez que hablamos. A la llegada, en lugar de su acostumbrado abrazo y la jalada de cachetes que usualmente me daba, me miró con cara de extrañeza, arrugó las cejas y me hizo una mueca de desaprobación. Pucha, se me vino el mudo encima aun sabiendo que él no estaba en uso de su conciencia.

Mi abuelo perdió la memoria y el daño desde ese día ha continuado poco a poco, comiéndose partes de ese abuelito tuanis que siempre me inventaba nombres, al punto de haberle quitado al día de hoy casi toda coordinación motora.

Es un duro golpe saber que era evitable, pero no considero necesario entrar en detalles con ese tema y revolverme el estómago a ésta hora pensando en la clase las causas que dieron con éste final.

En cuestión de tres meses mi abuelo pasó de ser el viejo alegre que se iba en las mañanas a la huerta de atrás de la casa a recoger chayotes, que pasaba siempre haciéndole bromas a mi abuela, que se sentaba a ver noticias para estar en todas, y cada vez que salía Arias le reclamaba el poco respeto que le tenía a su voto, a estar hoy en una silla de ruedas, con la mirada perdida, con ganas inmensas de poder hablar, de recordar, de salir corriendo a arrear terneros, pero con ningún recuerdo concreto, más que un rencor que a nadie le sabe contar.

La razón por la cual publico esto es porque hoy me duele no haber visitado a mis abuelos más seguido, me choca por dentro sólo llamar cuando necesito algo, pero pocas veces para saber cómo estaban, y me arrepiento de no haber sabido hacer recíproco el cariño que en algún lugar de la mente de mi abuelo debe encontrarse, y sobre todo me arrepiento de no haberle dicho aquella última vez que hablamos, la última vez que tuve la oportunidad de hacerlo, cuánto lo quiero.

Quizá lo que más me ha hecho enojarme conmigo mismo es que durante esa penúltima visita, las últimas palabras que él me dijo al despedirse fueron: "No se pierda, vuelva pronto" Lo cual no hice sino hasta después del incidente, cuando él ya no pudo darse cuenta de que volví a visitarlo.

¿Cada cuánto, sólo le damos un abrazo y le decimos a esa o a esas personas que queremos, que las queremos?

¿Cada cuanto tomamos el teléfono y decimos: "Hoy voy a llamar a ese primo, esa tía, ese hermano, esa hija de quien hace tiempo no sé nada y le voy a preguntar cómo ha estado"?

¿Hace cuánto parece que nos dejaron de interesar nuestros seres cercanos?

¿Hace cuánto no buscamos a esa persona con quien tuvimos un problema, y con quien nos enojamos talvez por algo tonto, y le pedimos perdón?

Si alguien al menos se detiene a pensar en qué tan buena es su relación con su familia, creo que de algo han de servir estas palabras. La otra razón por la cual hago ésta publicación, es que realmente necesitaba desahogarme.

Saludos.

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