22 de septiembre de 2010

estoy hecho leña!

Hacerse viejo es normal dentro de nuestra evolución. Fuimos niños, asistimos a la escuela, después nos comenzaron a salir esas molestas espinillas y lo demás del combo de la adolescencia, y para esas fechas más o menos fue que empezamos a asistir al colegio, y si los números no me fallan, una buena parte de las personas que al igual que usted leerán éste post, nos encontramos dentro del grupo llamado adultos jóvenes, talvez muchos en la universidad o bien laborando con una o más carreras al hombro.

Luego de esta etapa nos volvemos... Digamos que nos terminamos de volver adultos pero con unos cuantos lustros de más encima, y luego de trabajar muchos años y de acabarse casi toda nuestra salud física y mental, digo, nuestra vida laboral..., a grandes rasgos comenzamos nuestra nueva etapa como adultos mayores, donde vemos al fin todas nuestras metas cumplidas y descansamos con paz y tranquilidad rodeados de nuestra familia, o en un caso menos agradable vemos con frustración nuestro pasado irreversible, y vivimos peleando con el desorden de familia que ternimanos educando.

Pero baaaa.... Todavía nos queda tiempo suficiente para analizar nuestras vidas y enderezar nuestro camino.

La cosa es que para cada etapa en nuestra vida hay un tiempo, y es por la distorsión que acabo de detectar en mi ciclo natural que hoy me dio por sentarme a escribir éste post.

Desde hace unos días mis amigos me han venido haciendo ver que he cambiado un poco... Estoy más gordo, mi típica rasurada semanal se ha vuelto quincenal, pero irónicamente es mi cabeza la que está empezando a verse libre de cabello.... Por cierto, tengo como dos meses de no cortarme el poco pelo que me queda, y recién me di cuenta que un poco largo mi cabello se vuelve colocho y muy poco amigable con cualquier tipo de gel o crema.

Desde pequeño las ojeras me han caracterizado. Las he tenido desde que tengo memoria, y no es que tenga alguna enfermedad o que me exceda yéndome de fiesta, sino que soy así de palidejo desde que nací, pero últimamente ni la costumbre me ha salvado de al verme al espejo, hacerme a la idea chistosa de que cualquier emo envidiaría esa zona de mi cara de la manera que he lucido en estas últimas semanas. Y si a las ojeras les sumamos mi barba y esta greña desordenada... Pucha! Cada día me siento más parecido al naufrago de la película.

Talvez tratando de resumir, puedo pensar y reconocer un par de cosas.

Primer punto: Mi vida es un desorden, y es totalmente cierto. Ya no conozco mi casa de día, llego a dormir o de vez en cuando a sentarme a la computadora a vegetar como hoy, todo lo ando perdiendo, todo lo que debo hacer se me olvida, y ni siquiera he vuelto escribir como el blogger que era hace un par de meses. Nada. El colmo es que hasta pereza me da ordenar el desktop y ya hasta lerda puse la computadora de tanta basura que tengo ahí.

Mi tambaleante horario me está matando. Y ni qué decir de los desordenes de comidas que he tenido que hacer. Por otro lado ya no sé diferenciar el dolor de cabeza con el de espalda porque a veces se juntan y se vuelven como uno solo, pero talvez pronto me haga inmune a ellos. Todo lo anterior gracias a la combinación, brete-universidad-más brete.

Segundo punto: Me estoy matando solo: últimamente mi jornada laboral ha sido bastante extensa, digamos que tan extensa como para ver a todos mis compañeros entrar por la mañana e irse por la tarde/noche, mientras que aun me queda otro ratiiiillo más de quehacer. Hoy llegué una hora tarde a un curso que empezaba a las 7:30. Con decir que tardo 10 minutos del trabajo a la universidad creo que lo digo todo.

Y para terminarla de hacer triste, aquí estoy a las 12:30 del día 23 de de Septiembre frente a la computadora, con un cigarro y una bebida energética sabor a cereza para tratar de espantar el sueño, escribiendo en mi blog a sabiendas que me espera como dos horas de una lectura súper aburrida para un informe escrito que debo entregar el sábado, seguidas de unas cuantas horas de sueño que serán interrumpidas a las 5:00 am para levantarme, partir de nuevo hacia mi trabajo, y despertarme de camino, talvez.

Pero eso no es todo lo que necesitaba para sentirme viejo y arruinado. A pesar que ya estoy acostumbrado a que me encaramen como 5 años por encima de mi edad y a pesar que aparentemente poseo toda la facha necesaria de estudiante universitario, hoy me hizo gracia y a la vez me puso a pensar pues el taxista que me traía desde la universidad hacia mi casa me dijo a mis virginales 23 años....: "Compa dígame algo, ¿verdad que usted es profesor de la u?

Pucha! Me terminó de hacer leña!!! Tengo pinta de profesor universitario!!! Todavía de colegio más que paso, pero de la u?

Espero que haya sido que el taxista también andaba dormido y no me observó del todo claramente....

Espero que éste próximo reclutamiento de educadores sí sea tomado en cuenta por el mep porque la verdad, necesito un cambio de trabajo urgente. Porque de lo contrario creo que le tendré que cambiar el nombre a éste blog y nombrarlo "Cuentos desde la cripta" o desde el chapuí, o desde el hogar de ancianos...

Creo que necesito vacaciones...

Saludos y buenas noches, días, o lo que sea que sea a estas horas!

20 de septiembre de 2010

¿y usted, ya guardó su bandera?

A principios de septiembre del año pasado mi jefe compró un buen número de banderitas de Costa Rica para todos los empleados, y obviamente me regaló una para que la colocara en mi oficina. Claro que la pegué en la ventana por donde me tocaba atender a la gente, y todos quienes pasaban la podían ver.

Pues resulta que pasó septiembre y decidí no quitarla. El resto de adornos de la independencia los quitaron sin que apenas terminara el mes y por ahí de diciembre ya estaban pegando los de navidad, y al ver mi bandera todavía pegada en la ventana, llegó una compañera y me dijo: "Oiga ¿Porqué no quita esa bandera de ahí? Más bien estamos pegando las cosas de navidad. Quite quite eso! Ya setiembre pasó!"

Yo le pregunté si había algún problema en tener una bandera pegada en mi oficina, a lo que respondió de modo burlista y poco amable: "Las banderas son para septiembre, y ya terminó, por lo que nada la tiene haciendo ahí"

Con profundo y evidente desagrado le respondí: "Yo la tengo porque me gusta tenerla, no hay nada de malo con que esté ahí ¿O qué, no somos ticos? ¿O usted es tica sólo un mes al año...? Me volvió a ver con cara de indignada, se fue y no me dijo nada más, y la banderita se quedó en el mismo lugar hasta principios de éste año cuando dejé de trabajar ahí, a pesar del berrinche que me tocó escuchar después.

Y luego de éste pequeño relato, me hago la siguiente pregunta:

¿Porqué sacamos las banderas, los escudos y demás adornos alegóricos sólo para éstas fechas, y el resto del años no tiene la mínima relevancia?

Como le dije a ella, se es costarricense todo el año y no es determinante ni la estética, ni una temporada, ni que sea vergonzoso o no para querer demostrar al menos un poco, por lo menos un poco, de apego a la patria.

Me atrevo a pensar que en muchas de nuestras casas y oficinas, ya guardamos los adornos y se nos olvidó el orgullo con el que vimos a los chiquitos de la escuela en el desfile de faroles y con el que cantamos el himno nacional. Me es imposible saber cuántos ya nos quitamos la carga de civismo que nos echamos encima para estas fechas, pero sé que debe ser un buen porcentaje.

Ser independiente, ser costarricense, o sólo querer a la patria no es cuestión de ponerse la camiseta de la selección o quedar diafónico gritando el himno nacional. En mi humilde opinión ser costarricense está cosas tan simples como actuar positivamente, trabajar con amor y responsabilidad, respetar la opinión ajena, o dejar trabajar a quien lo necesita.

Y por el otro lado, es de mi opinión que un mal tico es que el se mantiene esperando la mínima palabra para echarse a la calle a bloquear calles en nombre de la democracia que refuta cuando no le conviene, el que mantiene en su mano el serrucho a la espera que otro se equivoque, el que no habla sino para ofender o criticar sin hacer aporte positivo alguno.

Y no falta el que sólo es tico cuando el estado da bonos pero se queja del sistema de salud que otros países envidian, el que llama justa a la municipalidad cuando condona impuestos pero a la mínima oportunidad los evade, o cuando busca una cámara y un micrófono para quejarse de la basura que él o ella misma ha tirado irresponsablemente donde mejor pudo. Mal tico también es que el se esconde cuando el país necesita ayuda, pero que saca la banderita cuando le conviene.

Guardar la bandera es no dejar trabajar al que quiere, o hace uso de una posición para sacar provecho. Guardar la bandera es prestarse para el chisme, la vagancia, el chorizo y el libertinaje.

Mantener izada la bandera es trabajar; servir a nuestro país, y NO servirse de nuestro país.

Hay una frase que dice: "No piense qué puede hacer el país por usted, sino qué puede hacer usted por su país"

Si la mitad de nosotros practicáramos dicha frase, talvez así nuestra bandera tendría más valor que el que tiene guardada once meses en un cajón.

Por lo tanto ¿qué va a hacer usted? ¿Va a guardar su bandera? ¿O la tendrá a la vista todo el año recordándole que sigue siendo costarricense?

9 de septiembre de 2010

La pandilla bicarbonato


Fuimos como el bicarbonato, o como los cuatro jinetes, o los tres chiflados mas uno, o si se quiere, fuimos como los sex pistols, o los cuatro grandes de Liverpool con distorcionador.

La vida nos hizo coincidir, pero nuestras particulares formas de vivir nos hicieron reincidir en la coincidencia. Cada uno con su estilo y su forma de ver la vida, y de expresar su adolescencia falta de ese algo que le diera sentido.

Uno era el más loco de todos. Siempre debe haberlo. Fue el primero que tomó la gigantesca decisión de irse de su casa y vivir solo. Y cómo la gozamos en ese mamarracho que se fue a alquilar... Los fines de semana comprábamos botellas de vino del más barato, cuatro cervezas para cada uno, cigarros suficientes para toda la noche y un poco más, y así en ese casi rancho pasamos los cuatro muchos fines de semana. Aunque luego de un tiempo comenzamos a mover la gira a las casas del resto de nosotros, para inconformidad de nuestras familias.

Pero el resto de nosotros eramos más calmados. Más entregados al colegio, que en ese tiempo era el 90% de nuestro mundo. Aparte del loco que no quiso terminar el cole, el resto de nosotros éramos como los legítimos chiquillos nerdos que no perdían una clase, sin embargo durante nuestros ratos lectivos, éramos las ovejitas negras que a ningún profesor le gusta tener y que especialmente a mí, muchas compañeras no querían. No pregunte porqué je je.

Juntos vivimos muchas situaciones interesantes que nos dejaron cosas en qué pensar. El divorcio de los padres de uno, los problemas con las drogas de dos de nuestros hermanos, el año de colegio que uno de nosotros reprobó... Hasta los inicios de una depresión que algunos siquiera conocieron, pero al final creo que ahogamos con alcohol antes que fuera peligrosa, gracias al cielo.

De todo sucedió. Desde viajes en bicicleta hasta vernos descalzos y ebrios caminar sobre botellas quebradas.

Parte de haber sido los cuatro mejores amigos, fue que todos fuimos, somos y seremos amantes de la misma música, creyentes de las mismas ideas o al menos rebeldes de la misma causa, por lo que en algún momento en el colegio nos llegaron a decir vagos, satánicos, y hasta drogadictos. Y la verdad nunca nos importó. Para esa edad no hacíamos más que emborracharnos con cinco cervezas, y ser como el bicarbonato.

Es cómico, porque aunque no se llame Yoko, una mujer, una sola entre todas las que formaron parte de cada uno de nosotros, melló lo suficiente como para haber influido en el desenlace de los cuatro grandes. Ella fue primero mi novia, la cual conocí en la casa de uno de nosotros, y que luego fue novia de ese mismo amigo. Como quien dice, somos más o menos hermanos. De hecho hoy en día están casados y tienen una hija. Merezco la mención de tío honorifico al menos ¿Verdad?

Y si hablamos de amores y esas cosas, ¿Qué les parece si le digo que hasta padrino de bodas he sido? Bueno, la verdad eso no es gran cosa, en todas las bodas los hay. Pero lo que hace ésta ocasión especial es que hace poco fui padrino de bodas de mi amigo el loco. Y lo más graciosos es que todos pensábamos que él sería el último en casarse. Con esa vida de bohemio pensábamos que el matrimonio era algo a lo que no se acercaría tan fácil, pero ya lo ven, Cupido lo flechó y no pudo echar para atrás. Lo que me dejó cierto sinsabor es que fui padrino de una matrimonio que no pasó un año. No obstante eso es otra historia.

Pero éste nupcial contacto con mi amigo el loco, fue uno de los últimos, mismos últimos que tuve con el resto de nosotros cuatro. Y sí, de los cuatro, pues desde esos mismos días también vi perdido algo de contacto conmigo mismo.

El colegio llegó a su final y cada uno tomó un camino diferente. Y así como como Let It Be ya no es la misma, el césped no es tan verde en Paradise City, el cauce ha cambiado Under the Bridge, y ya nadie ha vuelto to Save the Queen, así nosotros también dejamos de buscar And Justice fol All. Cada quien consiguió un trabajo y unos antes que que otros, todos se fueron menos yo. El loco partió lejos donde conoció a su Courtney Love, mi amigo/hermano también se fue de éste pueblo llevándose a nuestra Yoko, y el último y talvez más cercano a todos, pero a la vez el más callado, quiso seguirlos y también se fue. Al final cada quién tomó su camino siguiendo cierto aroma a espíritu joven.

En estos días, por esas cosas del día del niño, me di a la tarea de revolcar álbumes prehistóricos en busca de una imagen de éste servidor un poco más joven, y para mi sorpresa más que en el papel, encontré miles de empolvadas imágenes en mi memoria. Entre ellas las de nosotros, la pandilla bicarbonato.

Y fuimos tan locos y tan bicarbonatos, que con el paso del tiempo nos convertimos varias facetas que en algunos casos no esperábamos: Un importante jefe de departamento en un hotel, un bohemio que vive en la playa, un cerebrito tan loco y tan genio que en lugar de continuar su carrera quiso hacer lo que deseaba y se volvió bartender, y yo, un educador que no ejerce su profesión y que anhela ser escritor.

Y si se preguntan porqué somos como el bicarbonato, pues sólo diré que nuestra amistad no duró toda la efervescencia que alucinamos durante aquel primer día de clases de un octavo grado. Hoy en día somos sólo el agua tranquila del vaso, y a veces nos asomamos sobre nuestras superficies a preguntar cómo anda el clima por ahí, cómo está la familia, o cuándo vuelven por el pueblo. Pero sólo de algo estoy seguro, ya no habrá más strawberry fields forever.

Pero a pesar de todo ya no importa de mucho qué tanto no nos veamos. Estos días he parecido más tonto de la cuenta con todo lo que me he reído recordando tan gloriosas vivencias. Creo que cuando tenga vacaciones visitaré más a mis amigos.

6 de septiembre de 2010

El arte de portar paraguas

Desde que era pequeño me ha costado conservar un paraguas. Por más que lo metía en el salveque de la escuela, o en una bolsita si era muy pequeño, o lo andaba en la mano si era una de esas completas carpas de circo, son contadas las veces que he vuelto a casa portándolo aun. Siempre lo he dejado olvidado por ahí.

Es curioso porque nunca he sido de jalar uno. No me hace falta creo, o mejor ni siquiera lo saco porque sé que lo voy a perder. A fin de cuentas en moto no es muy práctico taparse la lluvia de esa manera, y las veces que lo saco de la casa, siempre prestado porque nunca compro uno para mí, me toca llevarme la regañada del dueño o dueña porque siempre lo pierdo (y claro, comprar uno nuevo).

¿Cómo hace la gente para andar jalando un pucha paraguas todo el tiempo? Hay gente que siempre lo anda sin importar el clima, más que todo las señoras, lo cual me parece tonto a veces dado el estorbo innecesario. Pero viviendo en este lado del mundo donde el tiempo es tan predecible como el próximo discurso de Hugo Chávez, creo que tienen razón al portarlo siempre.

Por otro lado están quienes por alguna razón telepática, por pronóstico en el celular, o sólo a punta de malicia indígena, únicamente abren la puerta de la casa por la mañana, respiran profundo, y aun sin ver una sola nube en el cielo, certeramente dicen: "Hoy en la tarde llueve" y sacan la sombrillita del cuarto de pilas donde tiene días de días guardada.

Analizando los anteriores casos puedo entonces decir que es una completa costumbre eso de pasear siempre un paraguas. Es como una tradición, una herencia familiar o algo así, porque he visto gente para quienes es tan necesario como respirar. Entre ellos mi mamá que siempre me dice: "Acuérdese de llevar sombrilla, vea que va a llover hoy" je je

Lo malo es que es una costumbre que nunca he podido adoptar y por eso, como hoy, siempre me termino mojando. Por lo que entonces pregunto: ¿Cómo hago yo para no perderlos o por lo menos acordarme de sacarlo de la casa?

Que alguien me explique!

Saludos!

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