7 de junio de 2010

Un Accidente hace pensar en muchas cosas



Un día como cualquiera despiertas, tomas un baño, ves la televisión, y desayunas para salir al trabajo. Talvez tus padres estaban junto a tí, o talvez tu esposa o tu novio. Pero entre las cosas más incómodas está el tratar de ver televisión mientras alguien sólo no para de hablarte. Es incómodo y sumamente molesto que al terminar la nota acerca de de la selección nacional o el cambio del dólar, no hayas podido escuchar nada debido a que esa persona al otro lado de la mesa no te dejó entender media palabra con todo lo que te decía.

Te levantas de la mesa, molesto porque a decir verdad ya estás cansado de escuchar lo que tu familia ha venido planeando desde hace meses para vacaciones, cómo su fuera tan complicado.... Te vistes de mal humor porque querías saber lo que decían en la televisión acerca de el último bombardeo en Israel.

"Qué falta de respeto..." Repites una y otra vez en tu interior con cierto grado de enfado mientras caminas a tu trabajo. Atrás quedó al menos una persona esperando darte el beso que acostumbra darte en la mañana. Sabes que mientras subes al autobús alguien está rezando como todos los días para que nada te pase en tu camino. Pero sigues molesto porque vas a pasar media mañana sin saber quién ganó las elecciones en Colombia.

El día pasa tranquilo, como cualquier otro día de trabajo. A medio día, en el trabajo, al fin pudiste ver las noticias con calma y tranquilidad con tus compañeros de trabajo, que como siempre opinan lo mismo que tú del dopaje en las olimpiadas pasadas, sin el escándalo de tu casa por la mañana.

Muertos, asaltos, juicios, accidentes, secuestros... La lista de males en este mundo es larga, pero como toda la persona normal que eres, piensa que nada de eso te pasará. Y fue así por hoy.

Saliendo por la tarde del trabajo una llamada entra a tu celular. "Casa..." Dices con evidente falta de entusiasmo. De pronto tus piernas se doblan, tus ojos salen de control y no ves más que el suelo acercándose a tu rostro en círculos. Alguien te levanta del suelo mientras te dan lago sumamente fuerte para despertarte y comienzas a tratar de recordar porqué estas en el suelo.

El olor a perfume te abre la mente. La llamada, tu casa, tu familia. Todo llega por pequeños fragmentos hasta que el rompecabezas está completo.

Corres, lloras, otra vez corres, y quién sabe cómo has llegado al hospital. Tu hermana tes espera en la entrada y sin decir nada sólo te abraza. No era un sueño. Sólo caminas al cuarto quince de emergencias mientras algo en tu interior te hace comenzar a sentir algo de culpa. Ahí está esa persona, la misma que por la mañana no te dejó escuchar cómo estuvo el concierto de Chayanne, acostada en una cama de hospital.

Sin hablarte, sin mirarte, atada a este lado sólo por unas cuantas mangueras, la persona que hoy como todos los día pedía a Dios por tu bién, está muriendo frete a ti sin que puedas hacer nada. Y comienzas a preguntarte porqué no le diste el beso de despedida de hoy por la mañana. Porqué no volviste tu mirada cinco minutos, y en lugar de emitir tu acostumbrada crítica acerca de lo que pasa en el Golfo de México, sólo escuchaste lo que alguien esperó ansiosamente contarte por varias horas. Porqué si todos en tu familia son normales le pasa eso justo a quien crees sólo siempre estará ahí.



Esto no es ficción. En días pasados un familiar muy cercano de un compañero sufrió un accidente muy grave, lo que tiene hoy a ambos en el hospital. Uno en la cama y otro a su lado en una silla.

Y aunque no sé si el anterior fue el caso o no, debemos ser sinceros y reconocer que no estamos preparados para que algo así pase. Todos estamos expuestos a sufrir un accidente. Todos.

Un día salimos de casa y no sabemos si un chofer borracho nos va a atropellar en la esquina, o si algo pasará en la carretera, o si habrá un terremoto. ¿Qué pasaría si por algo tan simple como una taza de café en el mantel fuese suficiente para hacerte salir enfadad@ de tu casa, sin saber que ese gesto poco amable sería el último que vieron en tu rostro antes de partir, antes de verte pálido en una fría caja de madera? ¿ Qué tal se sentiría tu familia si unos cuantos gritos de furia fuesen las últimas palabras que te escucharon decir antes de subirte a la moto que en la edición de la noche saldrá destrozada bajo un auto?

¿Y que pasaría si no eres tú el que muere? ¿Cómo te sentirías si eres tú quien cargará por muchos años con la culpa de no valorar algo aparentemente tan habitual e incómodo como tu familia?

La verdad el accidente de esta persona me puso a pensar en muchas cosas y no voy a mentir y decir que me ha hecho cambiar mi vida, pero creo que cosa así son las que nos hacen en realidad apreciar lo que tenemos y darle la prioridad que se merece a lo que sí es importante, como lo es nuestra familia.

Ahora sólo queda apoyar lo más posible, y esperar que sobreviva.




2 comentarios:

*°·.¸¸.° Heidy °·.¸¸.°* dijo...

Me pusiste a pensar...

Michael dijo...

Perdón por hacerlo en esa forma, pero me parece bien!

Saludos!

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