20 de diciembre de 2008

Fin de año


Que hermosos son estos tiempos de fin de año, caminar por la calle con la brisa fría y pasajera contra el rostro, como resucitando nuestra esperanza por tiempos mejores, como estimulándonos a creer que aun nos resta vientos de cambio, estos aires que nos transportan de un soplo a nuestra pulcra infancia, a esos verdaderos tie
mpos mejores llenos de regalos y buenos deseos, entre eternas risas y gente buena, tiempos que talvez nunca vuelvan. Pero desgraciadamente en medio de toda esta fantasía de bellos sentimientos también hay lugar para todos esos que la consciencia no logra desechar y que muy miserables se hacen presentes al mismo tiempo que las luces de colores y esos insensibles árboles de plástico en las tiendas de la cuidad.

Talvez por el hecho de salirnos de la cotidianidad y llenarnos de este ambiente de fiesta y alegría que cada año nos aborda durante sus últimos días de vida, cada experiencia y cada recuerdo adquieren un matiz especial y todas las emociones vividas perduran por mucho más tiempo en nuestro corazón, lo lamentable para mí resid
e en que los malos recuerdos también duplican su intensidad durante esta época de felicidad. ¿Qué puedo decir? Aun me duele recordar aquel diciembre y lo fácil que fue hacerme a un lado para dejar pasar al amor frente a mis ojos, casi de la misma manera en que se esquiva un toro enfurecido. Aun me lastima la infame estaca que hace un tiempo logré clavar en mi pecho, cada vez que estos malditos aires reviven año con año los malos recuerdos que pensé inútilmente haber olvidado el anterior, ¿cuando podré cerrar por fin esta herida?

Cada fin de año es una oportunidad más para inutilmente desear cambiar lo que sucedió, mas aun así como siempre termino donde empecé. Si pudiera retroceder el tiempo le daría mas amor del que nunca creí poder dar, si pudiera estar ahí otra vez no la dejaría escapar de mis brazos, si estuviera frente a mí de nuevo, mandaría al diablo a quién fuese con tal de nunca mas separarme de ella, si pudiera tocar su rostro infantil au
n si fuera solo con la punta de mis dedos, entonces volvería a sentirme vivo, pero no debo olvidar que este deseo desesperado es solo un sueño que nunca más podré soñar y que ya nunca se hará realidad, solo debo conformarme con el recuerdo de haberla tenido a mi lado por un momento.

¿Por qué nunca logré entender sin palabras lo que me gritaba su corazón? ¿Por qué me tocó cargar con esta estupidez aun más grande q
ue el amor que ella me daba? ¿Por qué nadie me enseño a ser menos insensible?

Malditos sean los aires que cada año se filtran entre mi ropa y mi piel y luego de alcanzar al fin mi corazón, lo atormentan sin descaso hasta congelarlo con su imagen y el sonido de su voz en mi cabeza, maldito este viento que solo me sabe hablar de ella, y maldito sea este frío crudo e indolente que me hace sufrir en las noches de soledad que yo mismo he provocado con su ausencia. Pero sobre todas las cosas, maldigo el día que en estuve a unas pocas palabras de conocer la felicidad a su lado, talvez solo un beso hubiese sido suficiente. ¿Por qué Jesús tiene que nacer todos los años?
A pesar que desearía poder desahogarme por completo con estas líneas, de nada vale que siga atormentando mi corazón con recuerdos que ya de por si siempre estarán conmigo, por lo que en resumidas cuentas, hoy igual que cada día del año y especialmente cada uno de los días que resguarda diciembre, me arrepiento de haber sido tan idiota y por lo tanto Rocío, sólo me queda decir lo siguiente por si algún día lees estas palabras. Perdón.


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