27 de noviembre de 2008

¿Te mencioné antes que te amo? ¿No? Está bien, si no es así, te lo diré, ¡Te amo! Si, te digo te amo aunque no comprendo para que tenga que repetirlo tanto, si tu y yo somos conscientes que en mil ocasiones te lo he dicho, y que dos mil veces más simplemente no me has querido escuchar.

Podría torturar un poco más a mi corazón y decírtelo otra vez mañana, y pasado mañana y así por siempre hasta que ya no haya más palabras en mi mente y mas aire en mis pulmones, pero no tendría sentido sacrificar de nuevo mi dignidad si con eso no causo una sonrisa en tus labios de muñeca, ni una mínima chispa de calor en tu corazón de hielo. Solo no se si debo persistir tanto.

En ocasiones, después de mucho maquillar mis sentimientos, me hago a la idea de que esta es tu forma de amar, que al igual que a mí, te cuesta un poco expresar lo que te dicta el corazón. Se que detestas que haga esto, y te pido perdón por utilizarte así para engañarme de esta forma, pero dado que ya he visto agotadas todas las posibilidades de encontrar un sentimiento y mucho menos un espacio para mí en tu corazón de niña tan madura, no me queda más que creer que esta es tu forma de corresponder mi pasión.

¿Te he dicho antes porque me enamoré de ti? No me digas ahora que no lo sabes, no hace falta que trates de hacer que lo olvide, no después de hacer a este corazón de navegante caer en tus labios de opio y tú susurro de sirena, no después de decirme con esa inocente voz de adolescente lo que ahora niegas con tus ojos malignos llenos de experiencia de mujer. Tú siempre lo sabes todo mejor que yo, y por eso te amo.

No me digas que nunca fuiste participe en este juego que solo pueden jugar dos, ni saques tu mascara de manipuladora para mentirme diciendo que nunca pudiste decirme que no, no. No me digas que después de todo, esto que me une despiadadamente a ti no es amor.

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